martes, 3 de mayo de 2011

Publicidad y política: ¿el pacto con el diablo?

3/05/11
Tras la segunda Guerra Mundial, los cinco continentes cambiaron de una manera radical. Los cambios, cada vez más profundos, son mucho más notorios tras esta época que en cualquier otra. La modernidad llega, y sobre todo a occidente. Las revoluciones del pueblo contra las soberanías, las injusticias y demás se hacen más notorias. Además, las nuevas ideologías que consiguen alentar dichos jóvenes, como la anarquía (en el extremo más extremista) y el comunismo (en el otro extremo totalmente opuesto) es “desalentador” políticamente hablando. El sistema político implantado por los occidentales, es decir el estilo consumista, no es del todo bien acogido por lo más jóvenes que empiezan a olvidarse de la política, alejándose más de la integración como ciudadanos en una comunidad.
Los cambios más notables “amenazan” la política. Los cambios internos de los países y las acciones que se llevan a cabo desde los distintos gobiernos son los responsables de la situación política actual. La generación de post-guerra, sobre todo los jóvenes, es una generación que necesita romper con todo aquello que conoce y con aquello que empieza a desconfiar. Este hecho, posiblemente poco significativo, es aquel que nos ha llevado a que la población adulta que nos rodea a los jóvenes ahora es aquella que insufla el desentendimiento político y el aumento del ausentismo político que existe a día de hoy. El intento de alejarse de las decisiones políticas y de los cambios que estas suponen, no es más que el primer paso hacia la ignorancia política que se está generando cada vez más.

Pero este hecho no es más que uno de los enclaves por los que la política ha pasado a ser un consumo de masas de personajes. Tras la pérdida de credibilidad en la política y en lo que esta representa, surge la necesidad de buscar algo que “obligue” al pueblo a comprometerse. Es en ese momento en el que se crea más el hecho de que los ideales políticos deben ser representados pos una imagen, por una cara. Esta idea acompañada de la puesta en marcha de la TV y su revolución es lo que nos lleva al punto en el que nos encontramos hoy. La TV supone toda una metamorfosis en la vida cotidiana de las sociedades y mucho más en la política. La TV se convierte pues en una mera herramienta para poder llegar a vender un producto con unas ciertas características, es decir vender una cara que tenga unos ideales presupuestos, los defienda o no. La idea reflejada por una frase tan simple como “una imagen vale más que mil palabras” está cada vez más asentada en nuestras mentes y representada cada vez más por un sistema político que se basa en la venta de una cara para demostrar que dicho partido político es mejor porque es más atrevido, o no.
Para explicar mejor esta situación, me parece conveniente citar al Sartori, escritor del libro Homo Videns, una reflexión sobre los cambios de la sociedad a causa de la puesta en marcha de la TV. Sartori defiende la idea de que hemos pasado del “Homo Sapiens” al “Homo Videns” sin apenas darnos cuenta. Es decir, que el ver supera al entender y que por lo tanto se piensa menos y de sienten menos las cosas. El consumo de personajes políticos no es más que una mera estrategia para guiar la atención de la sociedad hacia otro lado, creando de esta forma una “sociedad teledirigida”. Esta sociedad teledirigida es la que crea la “videocracia”, es decir aquella democracia en la que la gente vive de sueños esperanzados por una imagen, por una cara y no por unos ideales que debían defenderse como antaño.

Un ejemplo aclarativo de esto pueden ser las pasadas elecciones del “nuevo” presidente de EE.UU, Barack Obama. Representante del partido político demócrata, fue vendido, casi literalmente, como un producto más del mercado nacional Estadounidense. Su apoyo mayoritario vino de gente que había perdido la confianza en la política tras el fracaso de G. Bush y vertió sus esperanzas, no solo en un partido político, sino, más bien, en una nueva figura política. ¿Un hombre negro llegando al poder que promete cambios casi mundiales? Eso es lo que fue y es en esencia Barack Obama: el presidente de color que ha conseguido la presidencia. Es una cara, un color y por lo tanto una revolución.

Tras esta reflexión poco me queda por añadir a mí, pero a vosotros, tal vez, os quede mucho que pensar…Y tal vez una buena fórmula de hacerlo sea que os planteéis mi siguiente duda: ¿Hasta qué punto vamos a consumir personajes políticos? ¿Hasta qué punto vamos a dejar de mirar la política por lo que es, es decir ideales y pensamientos defendidos durante años por unos y por otros? Y lo más importante… ¿Dónde quedaron aquellos años por los que se luchaba por la palabra, por lo que se decía y no por lo que se veía en los candidatos?

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