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miércoles, 18 de mayo de 2011

La mujer en la publicidad: referente u objeto de burla?

18/05/11
Desde sus inicios, la publicidad ha usado a la mujer como un “producto” más que vender, como un estereotipo, incluso. Aunque debemos tener en cuenta que a publicidad simplemente refuerza estereotipos que previamente están en la realidad y actúa como un espejo que deforma interesadamente las frustraciones y deseos de los individuos para ofrecer una caricatura de ellos. Es decir, la influencia se retroalimenta. La publicidad capta las tendencias sin matices ni tonos grises y las potencia, luego, la sociedad las asume de nuevo y así sucesivamente.
Como bien dice  Santos Guerra en su libro Imagen y educación, la publicidad potencia valores sociales como: el éxito, el prestigio, la competencia, la cuantificación, lo útil, el individualismo, el consumo, la apariencia, la prisa o la posesividad. Por ello debemos tener claro que la publicidad ha recogido únicamente el “envoltorio” de la mujer para venderla o conseguir vender más.
La mujer se ha estado usando como símbolo de muchos productos, sobre todo productos que van destinados directamente a ellas. Su uso siempre ha sido claro: plasmar la realidad y representar a las futuras consumidoras potenciales los beneficios del producto bajo una máscara que les haga más realista sus beneficios. Pero además de esto, la mujer ha simbolizado muchas veces el deseo del hombre y se ha usado para conseguir que la publicidad dirigida a hombres tenga mucho más efecto en ellos.
La mujer, siempre que aparezca en un anuncio debe cumplir una serie de características esenciales que la harán “mujer” dentro del anuncio. Dichas características son: ama de casa, esposa, madre, si trabaja fuera,  es  preferentemente o secretaria, o enfermera, o profesora… (pero casi siempre subordinada a un jefe);  pero también mujer objeto, mujer fatal, siempre inestable emocionalmente,  o pasiva, frívola, tierna, sumisa, dependiente, débil, menor desarrollo intelectual….. Y, por supuesto, siempre bella. Por ello la mujer, en general, consigue atraer las miradas hacia ella ya que con estos atributos es fácil de identificar.
Pero también son este tipo de estereotipos los que llevan a confusión y pueden incluso perjudicar la imagen de dicho colectivo, presentando así una denigración clara de la mujer. Mucha gente piensa que este tipo de anuncios, con denigraciones y con mujeres “inferiores” al hombre se daba únicamente en la publicidad de principios de siglo, pero la gente se equivoca.
Este tipo de errores son los que nos llevan a confundir una denigración con un guiño, o viceversa. Pero en lo que a nosotros nos concierne, diremos que la mujer se ha visto denigrada desde el principio de la publicidad. Tal vez, no siempre desde un punto de vista fácil de detectar pero sí con una profundización en el tema. Este tipo de fallos son los que pueden inducir a formas de comportamiento que sean perjudiciales para sus bienes e intereses, ya que la publicidad, casi el 90% del tiempo, se toma como referente de acción.   
Veamos algunos ejemplos:

Aquí vemos como BATTLESHIP, comercializa su nuevo juego de guerra naval el cual va dirigido claramente a hombres. Prueba de la denigración de la mujer en la publicidad es este anuncio. El hombre, cuando está en casa se dedica a descansar, a pasar tiempo con sus hijos, a jugar y a darse al ocio, en cambio, la mujer queda relegada a un simple papel: Ama de casa.
Este tipo de comportamiento existía y la publicidad aprovechó para fomentarlo y este se volvió a tomar como ejemplo de la vida cotidiana. Como ya he señalado antes, está claro que la publicidad crea un círculo vicioso  en el que el final lleva al principio. Y este anuncio es una ejemplo claro de ello. Otro ejemplo que apoyaría dicha teoría es el anuncio de Pronto. 
Aquí, la madre lleva a su hija a su lugar de trabajo. Pero en vez de instruirla de cómo conseguir a ser una mujer de éxito en la que se puede confiar inclusive el peso de una empresa, la enseña a usar Pronto en la mesa de reuniones. De este modo se deriva a la mujer al servicio del hombre. 

Pero como ya os he dicho, en la publicidad todo vale. La mujer queda sometida, muchas veces, al “poder” del hombre, creando incluso hasta en el siglo XXI denigraciones directas a las mujeres. Ejemplo de ello es el spot de Sprite donde la mujer es sometida claramente por el hombre, demostrando así un punto de flaqueza . Este tipo de anuncios son los que denominaríamos denigrantes, ya que no hacen muy buena imagen de la 
mujer.

martes, 3 de mayo de 2011

Publicidad y política: ¿el pacto con el diablo?

3/05/11
Tras la segunda Guerra Mundial, los cinco continentes cambiaron de una manera radical. Los cambios, cada vez más profundos, son mucho más notorios tras esta época que en cualquier otra. La modernidad llega, y sobre todo a occidente. Las revoluciones del pueblo contra las soberanías, las injusticias y demás se hacen más notorias. Además, las nuevas ideologías que consiguen alentar dichos jóvenes, como la anarquía (en el extremo más extremista) y el comunismo (en el otro extremo totalmente opuesto) es “desalentador” políticamente hablando. El sistema político implantado por los occidentales, es decir el estilo consumista, no es del todo bien acogido por lo más jóvenes que empiezan a olvidarse de la política, alejándose más de la integración como ciudadanos en una comunidad.
Los cambios más notables “amenazan” la política. Los cambios internos de los países y las acciones que se llevan a cabo desde los distintos gobiernos son los responsables de la situación política actual. La generación de post-guerra, sobre todo los jóvenes, es una generación que necesita romper con todo aquello que conoce y con aquello que empieza a desconfiar. Este hecho, posiblemente poco significativo, es aquel que nos ha llevado a que la población adulta que nos rodea a los jóvenes ahora es aquella que insufla el desentendimiento político y el aumento del ausentismo político que existe a día de hoy. El intento de alejarse de las decisiones políticas y de los cambios que estas suponen, no es más que el primer paso hacia la ignorancia política que se está generando cada vez más.

Pero este hecho no es más que uno de los enclaves por los que la política ha pasado a ser un consumo de masas de personajes. Tras la pérdida de credibilidad en la política y en lo que esta representa, surge la necesidad de buscar algo que “obligue” al pueblo a comprometerse. Es en ese momento en el que se crea más el hecho de que los ideales políticos deben ser representados pos una imagen, por una cara. Esta idea acompañada de la puesta en marcha de la TV y su revolución es lo que nos lleva al punto en el que nos encontramos hoy. La TV supone toda una metamorfosis en la vida cotidiana de las sociedades y mucho más en la política. La TV se convierte pues en una mera herramienta para poder llegar a vender un producto con unas ciertas características, es decir vender una cara que tenga unos ideales presupuestos, los defienda o no. La idea reflejada por una frase tan simple como “una imagen vale más que mil palabras” está cada vez más asentada en nuestras mentes y representada cada vez más por un sistema político que se basa en la venta de una cara para demostrar que dicho partido político es mejor porque es más atrevido, o no.
Para explicar mejor esta situación, me parece conveniente citar al Sartori, escritor del libro Homo Videns, una reflexión sobre los cambios de la sociedad a causa de la puesta en marcha de la TV. Sartori defiende la idea de que hemos pasado del “Homo Sapiens” al “Homo Videns” sin apenas darnos cuenta. Es decir, que el ver supera al entender y que por lo tanto se piensa menos y de sienten menos las cosas. El consumo de personajes políticos no es más que una mera estrategia para guiar la atención de la sociedad hacia otro lado, creando de esta forma una “sociedad teledirigida”. Esta sociedad teledirigida es la que crea la “videocracia”, es decir aquella democracia en la que la gente vive de sueños esperanzados por una imagen, por una cara y no por unos ideales que debían defenderse como antaño.

Un ejemplo aclarativo de esto pueden ser las pasadas elecciones del “nuevo” presidente de EE.UU, Barack Obama. Representante del partido político demócrata, fue vendido, casi literalmente, como un producto más del mercado nacional Estadounidense. Su apoyo mayoritario vino de gente que había perdido la confianza en la política tras el fracaso de G. Bush y vertió sus esperanzas, no solo en un partido político, sino, más bien, en una nueva figura política. ¿Un hombre negro llegando al poder que promete cambios casi mundiales? Eso es lo que fue y es en esencia Barack Obama: el presidente de color que ha conseguido la presidencia. Es una cara, un color y por lo tanto una revolución.

Tras esta reflexión poco me queda por añadir a mí, pero a vosotros, tal vez, os quede mucho que pensar…Y tal vez una buena fórmula de hacerlo sea que os planteéis mi siguiente duda: ¿Hasta qué punto vamos a consumir personajes políticos? ¿Hasta qué punto vamos a dejar de mirar la política por lo que es, es decir ideales y pensamientos defendidos durante años por unos y por otros? Y lo más importante… ¿Dónde quedaron aquellos años por los que se luchaba por la palabra, por lo que se decía y no por lo que se veía en los candidatos?

domingo, 10 de abril de 2011

La Publicidad: Un espejo de doble filo.

10/04/11
Desde mediados del último siglo, es decir el siglo XX, las sociedades se han visto obligadas a cambiar a una velocidad casi inalcanzable. Los sucesos en este último siglo han sido atroces, ya sea hablando de guerras, y muy propicios, entendamos como propicios los grandes sucesos de la humanidad como el descubrimiento de la penicilina (1938), el perfeccionamiento de la radio, el perfeccionamiento de la cámara fotográfica, el nacimiento de la cámara de vídeo (1921) y más tarde el nacimiento del Televisor (1960). Todos estos avances han sido propicios para llegar hasta el día en el que nos encontramos, donde nuestra sociedad ha sufrido la mayor revolución tecnológica conocida. Ahora ya no somos individuos con personalidad, sino que somos más bien perfiles de redes sociales, páginas web con diferentes target y un sinfín de calificativos. Pero hay algo que no ha cambiado casi nada (por no decir nada) en nuestra sociedad. ¿Que qué es? La estratificación social. Con esto me refiero a que, desde que el mundo fue mundo, siempre, nuestra civilización, se ha asentado en un orden social: los que tienen dinero, y en su defecto poder, y los que no lo tienen, y que por lo tanto no tienen poder.

¿Cómo traducir todos estos cambios a la publicidad? Bien sencillo. En definitiva, la publicidad fue creada para convencer a un posible consumidor. ¿Cómo? Mostrándole cómo sería su vida si se comprase dicho producto. Por ello la publicidad no hace más que coger diversas clases sociales para así poder representarlas en sus anuncios. La publicidad no hace más que representar nuestras vidas, pero en una serie de medios que en los cuales nosotros nunca apareceremos. Aunque nosotros no seamos del todo conscientes de ello, a eso es a lo que se destina la publicidad. En ella nos encontramos reflejados, todos y cada uno de los estatus sociales que hay en nuestra sociedad, los cuales, a grandes rasgos y como dijo Webber son: clase, estatus y poder. Es en todas estas clases sociales en las que se centra la publicidad.

Para explicaros un poco esto, me voy a centrar en el estatus y en la clase de Webber. Un ejemplo para explicar a lo que me refiero es escogiendo una marca de prestigio. En el mercado hay muchas marcas prestigiosas, pero tal vez, en las que sea más notoria la estratificación social es en la publicidad sobre cosméticos. En ellas, las diferenciaciones sociales son mucho más claras que en cualquier otro tipo de publicidad, aunque tampoco debemos olvidarnos de la publicidad del motor. Para ello os pongo un ejemplo de un anuncio de L’Oréal. En este spot, L’Oréal nos anima a comprar sus productos ya que es gracias a su marca con lo que vamos a conseguir ser unas personas reconocidas, tal y como lo son los spokeperson que aparecen en sus anuncios, en este caso Eva Longoria. En este caso vemos perfectamente en grupo de “estatus” ya que los productos de L’Oréal van destinados a un público, que aunque no lo parezca, es el mismo: un grupo social de clase media-alta (más bien tirando a alta) que compra productos de belleza de gran calidad pero a un precio accesible.


Por el contrario, si cogemos cualquier otra marca un poco menos renombrada que L’Oréal nos encontramos con Maybelline, por ejemplo. Es una marca reconocida mundialmente pero sus campañas no son tan “agresivas” socialmente. ¿Por qué? En los anuncios de Maybelline, pocas veces nos encontramos a una estrella de la TV o del cine, sino que nos encontramos a una modelo (obviamente), guapa y casi sin defectos, pero de la cual no sabemos nada. Por tanto todos (en este caso todas) podríamos identificarnos con ella. Por lo tanto son en este tipo de anuncios donde nos encontramos el estatus social que Webber denomina “clase”, ya que son personas más bien de clase media a los que va destinada la publicidad.


¿Qué quiero decir con todo esto? Simplemente quiero aclarar que la publicidad no es la que lleva la “batuta” en la creación de clases sociales, sino que es el vivo reflejo de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. El único problema de que esto sea así es que, al reproducir la base de nuestra sociedad, la publicidad no hace más que fomentar esa idea de estratificación social que ya existe y por lo tanto la hace más clara aun. Por lo tanto, la comparación entre clases sociales es un punto de apoyo para ambas partes: la publicidad porque se sustenta en ella, y luego para la sociedad, que gracias a la publicidad se cree que está obrando bien. ¿Por qué sucede esto? Por el simple hecho por el que nos queremos engañar. La sociedad no está preparada para más cambias, al menos cambios internos. Esto me hace referirme al paradigma de Durkheim, el cual aseguraba que para que la sociedad pudiese cambiar, no debíamos cambiar únicamente el sistema económico o la repartición de la sociedad, si no que deberíamos cambiar, poco a poco, los valores que tiene la misma. Apoyo esta teoría, ya que es cierto que somos nosotros mismo los que fomentamos la diversificación social, creyendo que realmente unas clases están por encima de las otras. Pero no en ese simple hecho. Debemos tener claro que nuestros valores son materialistas y puramente estéticos. ¿Por qué? ¿No sería más agradable que una sociedad pudiese convivir en “paz” sin que cada clase social linchase a otra?

Eso sería una utopía en toda regla, ya que la sociedad lleva siglos asentada de la manera en la que se encuentra ahora. La publicidad se basa en la sociedad y si la sociedad no cambia la publicidad no puede hacerlo tampoco. La publicidad puede tirar del “carro” y llevar a la sociedad hacia una forma de pensar nueva y diferente, en el que los valores como personas se puedan llegar a dejar atrás para centrarse colectivo, es decir, lo que Durkheim llamaría la solidaridad orgánica. Pero esto no lo puede hacer la publicidad, ya que el papel que cumple, es aquel que nosotros le otorgamos y por el momento queremos que la publicidad nos muestre nuestra sociedad, un poco retocada y distorsionada, para que así los demás podamos soñar con que algún día nosotros, la gente de clase media, podremos llegar a conseguir las cosas que tienen los de una clase social más elevada que nosotros. Pero hasta que eso ocurra, podemos hacer dos cosas: o bien, nos movemos nosotros mismos, siempre buscando la ayuda de la publicidad, o bien nos quedamos sentados, soñando con que algún día la sociedad cambiará y nuestra “era consumista” acabará. 

lunes, 21 de marzo de 2011

Clases sociales que no conectan

21/03/11
Siguiendo con el tratamiento del blog, hoy me gustaría hablar, como a mis compañeros, de la desigualdad social. Más concretamente de la desigualdad que hay en España con las clases sociales.
Debemos tener en cuenta que España está pasando un momento crítico en el que la economía va de capa caída y por ello dichas desigualdades son ahora mucho más claras, lo que hace más comprensible el tema sobre el  que voy a hablar. En un primer momento cabe destacar la desigualdad económica, evidente en los tiempos que corren, de las clases sociales. Estas se vieron trastocadas en la época de la Revolución Industrial y hasta la fecha siguen siendo las mismas. Nos encontramos con la clase obrera y los “ricos”, es decir personas con un nivel económico muy alto y por lo tanto una renta que supera la media. En cambio la clase obrera es aquella que se mantiene en la media y que vive con lo que tiene, pero que muchos intentan vivir como “ricos” lo que hace que su nivel económico se encarezca. Por último tenemos la clase de los “pobres”, es decir aquellos que viven gracias al subsidio del estado, tal como ayudas de dinero, ya sea el paro, ayudas alimentarias, en los albergues, o incluso con ayudas en “especias”, como entregarles pisos gratis ya que su nivel económico no les permite acceder a ello y según la constitución Española todo español tiene el derecho a una vivienda digna. Esta estratificación social se debe en muchos casos y a rasgos generales al hecho de que no todos tenemos el mismo nivel intelectual, todo ello debido a la desigualdad de conocimiento por el problema del acceso a la educación. Se suele entender que la gente obrera solo puede acceder a colegios públicos y no a privados, ya que su nivel económico no se lo permite. Mientras tanto la clase “rica” envía a sus hijos a colegios privados en los que la educación es mucho más elitista y perfeccionada que en los públicos y en estos colegios los niños encuentran mucha más atención por parte de los padres. En realidad, esta estratificación viene a raíz de este gran problema: el acceso a la educación. Está claro qe cualquier persona puede triunfar en la vida y mucho más en el campo laboral, pero hay que tener en cuenta que muchas veces, por no decir casi siempre, la educación tiene un papel muy importante en ése “éxito”. Desde siempre se ha dicho que el futuro son los niños, pero esto no es así ya que no todos los niños tienen la misma educación y por lo tanto no todos podrán con el “país a cuestas”. Por lo tanto eso implica una estratificación en aumento, por mucho que la natalidad del país haya decaído en estas últimas décadas. Esto, además, tiene un problema más grave añadido: la deserción de los jóvenes en el panorama de los estudios. Con esto me refiero a que, a día de hoy, muchos jóvenes prefieren trabajar, ya que hasta hace 4 años la situación laboral española era plena y fructífera y por lo tanto el acceso al empleo era más amplio y se pedía menos experiencia y menos estudios. Por ello, al ser el trabajo una salida mucho más fácil y rápida antes que el estudio, muchos de los jóvenes optaron por esa salida. De esto es responsable, en muchos de los casos el papel de la educación en nuestro país ya que no es tan obligatoria como se piensa y además el apoyo recibido no es demasiado por parte del profesorado. El hecho de que los jóvenes opten por una salida fácil como el trabajo ha hecho que la calidad de sus vidas descienda drásticamente a causa de la crisi, aumentando la estratificación social de una manera significativa a estas alturas.
Por otro lado hay que tener en cuenta la desigualdad que se crea materialmente entre las clases sociales. Como ya he dicho, los jóvenes sufren ya que su nivel económico es bajo, o demasiado bajo. Pero aunque esto sea así los jóvenes no reniegan de su derecho de estar a la “última” y por lo tanto esto implica aun más gasto, apurado un dinero del que no disponen. El hecho de querer los avances tecnológicos de los que disponen las clases sociales altas es un problema generalizado en la sociedad, pero que se ve agravado entre los jóvenes ya que ellos son los que más avanzados van en el tema de las nuevas tecnologías. La única forma que encuentran para acceder a ellas es endeudarse y hacer que el nivel de vida de sus familias y su renta descienda drásticamente. Este hecho provoca malestar entre clases sociales y por lo tanto “disputas” y peleas por parte de ambos. Un claro ejemplo de ello es la situación que se vive en La Clase, una película de Laurent Cantet. En ella conviven jóvenes problemáticos de diferentes sociales y lo único que les une realmente es su poco nivel intelectual y por lo tanto cultural. Gracias esto podemos ver que realmente, las clases sociales tampoco entienden de la deserción en los estudios de la mayoría de los jóvenes, pero aunque esto sea así, la mayor parte de los jóvenes que se dejan los estudios proviene de las clases medias-bajas.
Otra desigualdad que me gustaría destacar en la sociedad española, que se da también en la película La Clase, es la desigualdad y el poco entendimiento entre generaciones. Algo que se ve claramente aumentado por el problema de la desigualdad económica que hay en España. El ejemplo de La Clase es perfecto para demostrarlo. El poco respeto que tienen los alumnos, los jóvenes, hacia los profesores, generaciones mayores, es un claro ejemplo de lo que está sucediendo en este país. Las nuevas generaciones no entienden, o poco entienden, de respeto a los mayores y esto se debe a la poca educación, ya sea mala o poca, que han recibido. Este hecho me parece significativo y muy relacionado con el tema que estoy tratando ya que aquí es donde mejor se puede ver el poco nivel educacional y además la estratificación social de España, sobre todo en esta época que ya lleva durando más de 5 años. En muchos de los casos los jóvenes llegan incluso a la agresión física de sus mayores y como mejor ejemplo me gustaría nombrar el maltrato que reciben algunos padres por parte de sus hijos. El hecho de que algunos padres reciban maltratos por parte de una generación menos, la cual corresponde a la de sus hijos me parece un claro síntoma de la estratificación social de España. Muchos jóvenes, al no saber qué hacer con su vida, culpan a las generaciones anteriores y lo único que hacen es quejarse pero son incapaces de salir a la calle a protestar por lo que está sucediendo en el país y por lo tanto “pagan” su furia con los mayores.
Por último me gustaría destacar que el hecho de que el papel de la educación cada vez se tiene menos en cuenta, tanto por parte de los jóvenes, como de los padres y del gobierno, es cada vez más un hecho muy evidente de la situación española. Si no hay estudios no hay futuro, si no hay futuro no hay trabajo, si no hay trabajo no hay ingresos, sin ingresos el país no sobrevivirá y si esto ocurre, la estratificación social dejará de serlo y nos convertirá a todos en parte de una todo, en el cual las reglas se hayan perdido y los modales hayan desaparecido. 

jueves, 10 de marzo de 2011

¿Crisis y Publicidad?

10/03/11
Como ya se ha ido comentando con anterioridad, nos encontramos en tiempos de crisis lo que hace las cosas mucho más difíciles para los compradores, pero también a los que intentamos vender. En el caso de la publicidad nos encontramos con un momento en el que la creatividad se está dejando de lado. Ahora solo vale ser creativo si consigues vender lo suficiente como para que al cliente le guste la campaña. La crisis económica limita la libertad neuronal de los creativos publicitarios. Los bolsillos de los ciudadanos se resienten, la demanda se reduce y las empresas quieren, ante todo, vender. Por ello, dejan de interesarse por producir bonitos anuncios con mensajes abstractos que sirvan para definir ese concepto tan esotérico llamado marca y se centran en estimular el consumo. En épocas de crisis como la actual, reinan las técnicas de toda la vida, como las ofertas y las promociones. El lema parece ser: 'Busque, compare y, si encuentra algo mejor, llévese los dos productos y le regalamos un tercero'.
Pero las prioridades de los consumidores no son lo único que ha ido cambiado desde que entramos en esta situación. Algo que se ha visto afectado es la forma de actuar de las empresas. Ahora las empresas lo que buscan es vender, y cada vez más desesperadamente. Por lo tanto la publicidad se ve cada vez más reducida en creatividad, como ya hemos dicho. Pero esto no es lo único que cambia. Los presupuestos que están dispuestos a dar los clientes de las agencias también ha cambiado mucho, y a la baja.
Esto por lo tanto se convierte en un círculo vicioso, en un cúmulo de situaciones que crean la sensación de que la publicidad está de capa perdida en estos tiempos, además de dar la sensación de anuncios vacíos, sin más interés que vender y que por lo tanto, la sociedad, tiene aborrecidos. Pero eso no es del todo así. “En las grandes crisis el corazón se rompe o se curte”, escribió Balzac hace más de un siglo. Y basándose en esta afirmación, varios profesionales critican estas campañas cortoplacistas y sostienen que las épocas de dificultades económicas son, en publicidad, tiempos de grandes oportunidades. 'No hay que perder nunca de vista que el activo más grande de una empresa es la marca y que la publicidad no es un gasto, sino una inversión. Las marcas más fuertes salen reforzadas de las crisis', asegura Fernando Ocaña, presidente de la agencia Tapsa. Lo mismo defiende Eduardo Madinaveitia, director general técnico de Zenith Media: 'Recortar el gasto publicitario es un error, porque en las crisis muchos competidores bajan la guardia y hay que aprovechar esos momentos para reforzar la propia marca; porque al final es lo que cuenta, ya que los productos, en definitiva, suelen ser muy parecidos'.

Para añadir un último aspecto de cómo afecta la crisis a la publicidad, os dejo este vídeo. Creo que no hay mejor manera que esta para explicar lo que está sucediendo. ¿Quién mejor que dos profesionales?


lunes, 28 de febrero de 2011

¿Por qué crisis?

28/02/11
Bueno, habiendo ya introducido algunos términos básicos para el blog, como son el término de publicidad y sus variantes y el término de consumo, es mucho más fácil seguir hablando de ello.
Debemos constatar en primer lugar que el consumo no es algo estático, es decir que sea siempre igual. El consumo varía, pero la pregunta es por qué lo hace. En esta entrada intentaré señalizar algunas de las causas más claras del consumo.
Como todos sabemos ya, el mundo está sufriendo una crisis económica importante, debido al “derrumbe” de los bancos americanos, principalmente. Este derrumbe se debe básicamente a las hipotecas subprime, es decir aquellas que se concedían a personas con poca solvencia. De este modo, llegó un punto en el que los bancos no cobraban y al encontrarnos en un mundo tan globalizado y por lo tanto conectado, la crisis bancaria se extendió por todas las bolsas mundiales. Esto provocó el derrumbe de muchos bancos en España, agravando la situación además el “Boom” inmobiliario que estábamos teniendo. Todo se vino “abajo” ya que los bancos no concedieron más hipotecas, las casas no se vendieron, la empresas empezaron a quebrar y de ahí todo un derrumbe en cadena. Si nos centramos en esta crisis económica que empezó en España hace 4 años, nos damos cuenta de que es el centro de la crisis del consumo que estamos teniendo.
El consumo de productos es cada vez menor ya que la situación se ha ido agravando. Las empresas, motor esencial de toda economía, no pueden hacer frente al “no-consumo” lo que provoca más despidos, más paro, más gente con menor poder adquisitivo y por lo tanto menos consumo. Nos encontramos pues en un círculo vicioso que no hace más que engordarse a él mismo mientras se “muerde” la cola. Si nos centramos en productos de primera necesidad, y nos guiamos por lo que dijo el Sr. Domínguez, director de unidad de Nielsen*, la cesta de la compra contiene un 2,8% menos de productos, y cada vez contiene más productos de marcas blancas. Este hecho agrava la situación porque, como hemos dicho, todo está “conectado” con todo. Por lo tanto, incluso el consumo de los artículos de primera necesidad se ven afectados por la crisis. Pero además de estos productos, nos encontramos con los de semi-lujo y lujo. Estos también han notado un duro descenso. Un claro ejemplo de ello puede ser el hecho de invertir cada vez menos en compras de ropa, incluso cuando son rebajas. Las tiendas, gracias a la publicidad, “llaman” la atención del cliente, pero estos cada vez más miran por su bolsillo.
De este modo, una importante crisis del consumo puede ser una crisis económica, aunque esta no es la única. Por ejemplo, otra de las causas de una crisis de consumo, aunque un poco menos generalizada puede ser que un producto se quede obsoleto o esté en desuso. Por lo tanto esto arrastraría a una “crisis” en el consumo de dicho producto. Por lo tanto, otra “crisis” del consumo puede estar provocada por el avance tecnológico ya que como hemos dicho antes, los productos obsoletos no los quiere nadie.
Por lo tanto, podemos concluir que los que realmente creamos crisis en el consumo somos nosotros mismos, ya que somos nosotros los que provocamos las situaciones en las que nos encontramos. Quiero decir con esto que si nos encontramos en crisis es porque nosotros decidimos qué productos comprar y cuando comprarlo, por mucho que muchas veces situaciones que no están a nuestro alcance produzcan que el consumo disminuya.

domingo, 20 de febrero de 2011

Hablemos de Publicidad

20/02/11


Para iniciar este blog, necesitamos conocer, aunque sea de una forma un poco superficial, el papel de la publicidad. ¿Por qué? Porque si no conocemos qué es la publicidad nunca podremos explicar por qué es la “responsable” del consumo de masas.
Para explicaros un poco lo que “es” la publicidad empezaremos con un poco de historia. La publicidad tiene mucha antigüedad aun existe desde los orígenes de la civilización y el comercio. Desde que existen productos que comercializar ha habido la necesidad de comunicar la existencia de los mismos; la forma más común de publicidad era la expresión oral. Aunque no todo se resumía a ello. En Babilonia se encontró una tablilla de arcilla conteniente con inscripciones para un comerciante de ungüentos, un escribano y un zapatero que data del 3000 a. C. Hacia 1821 se encontró en las ruinas de Pompeya una gran variedad de anuncios de estilo grafiti que hablan de una rica tradición publicitaria en la que se pueden observar vendedores de vino, panaderos, joyeros, tejedores, entre otros. En Roma y Grecia, se inició el perfeccionamiento del pregonero, quien anunciaba de viva voz al público la llegada de embarcaciones cargadas de vinos, víveres y otros, siendo acompañados en ocasiones por músicos que daban a estos el tono adecuado para el pregón; eran contratados por comerciantes y por el estado. Esta forma de publicidad continuó hasta la Edad Media donde su perfeccionamiento fue evolucionando hasta encontrarnos en el “siglo de oro” de la publicidad.
La creación de la imprenta, la publicidad tiene muchas más posibilidades de ser más eficaz y además poder llegar a mucha más gente. Esto hace que la publicidad se considere como un instrumento de comunicación comercial. Realmente la publicidad moderna comenzó a evolucionar en Estados Unidos y Gran Bretaña a finales del siglo XVIII durante la época de la revolución industrial. Esto se debe esencialmente a que la revolución industrial ayudó a las empresas a “renovarse” y por lo tanto a aumentar su oferta. Esto suponía un problema si la gente no conocía sus productos y por lo tanto la salida más eficaz fue la publicidad. Con la aparición de los agentes de publicidad; de quienes se conoce como al primero de ellos a Volney B. Palmer quien, en 1841, como agente publicitario inauguró en Filadelfia una oficina con la cual obtuvo un considerable éxito, el tratamiento de la publicidad surgió un cambio importante: ya era un hecho que de ella dependería toda comunicación comercial.
A principios del siglo XX, las agencias se profesionalizan y seleccionan con mayor rigurosidad los medios donde colocar la publicidad. Es así como la creatividad comienza a ser un factor importante a la hora de elaborar un anuncio. En los años 30 nace una famosa técnica creativa: el brainstorming, aunque no fue hasta la década de 1960 cuando se usó de manera habitual.
Por lo tanto, intentando resumir todo esto, la publicidad en sus inicios no era más que un mero instrumento para vender. Su finalidad era informar sobre los productos existentes y sus ventajas consiguiendo inclinar la balanza motivacional. Además de ser un simple instrumento, la publicidad siempre ha tenido un carácter sociológico, lo que la convierte desde el principio en un reflejo, no siempre exacto o deseado, de la sociedad. Para que una campaña pudiese llegar a ser exitosa esta debía representar a la propia sociedad, debía mostrarle sus deseos más profundos como algo que podían hacer realidad. Por lo tanto nos encontramos con que se usa la diferenciación social en la publicidad. Un buen ejemplo de ello son las campañas en las cuales, durante todo el siglo XIX y mitad del siglo XX la mujer estaba destinada a escenificar el papel que hacía en casa y el hombre representaba los anuncios más masculinos. La estratificación estaba clara, pero no había quejas ya que esto no era más que la representación del mundo en el que se vivía. Así pues, de este modo se promovía el consumo masivo de productos que nos saciaban las ansias de conseguir llegar a ser personas más respetadas. Los pobres simulaban ser ricos y los ricos aparentaban ser más ricos de lo normal, o por lo menos de lo que eran. En este caso, la publicidad no era más que un simple instrumento para poder llegar a promover objetos y servicios que se sacaban al mercado.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando la publicidad empezó a ver caer su antigua forma de actuar. El hecho de promover simplemente productos y servicios ya no servía pues la sociedad se estaba empezando a insensibilizar ante los estímulos publicitarios. Esto, acompañado con el escepticismo social sobre la “mentira” de la publicidad, contribuyó al cambio radical de publicitar. La publicidad dejó de ser algo tan básico para convertirse en una “retorcida” máquina de consumir. En esta nueva etapa de la publicidad, se busca algo mucho más emocional, algo con lo que la sociedad se pueda sentir identificada, se promueve, por lo tanto el “amor por las marcas”, lo que se conoce más “comúnmente” como el valor de marca. Así pues, las marcas y las agencias de publicidad pretenden acercar el nombre de la marca a la sociedad demostrando todo lo que hace dicha marca por ella.
Esto no ha cambiado excesivamente los temas usados para la publicidad. La publicidad sigue siendo el reflejo de la publicidad, pero tal vez en un sentido más profundo. Se confunde a la publicidad como un instrumento de manipulación y de estratificación social, pero realmente no es del todo cierto. La publicidad se limita a reflejar lo que realmente desea una sociedad y por lo tanto, la publicidad cambia conforme cambian las sociedades. Pero estos no son los únicos cambios que realiza. Muchas veces, la publicidad es la que contribuye a dichos cambios sociales. Uno de dichos cambios fue el apoyo al movimiento feminista, donde la publicidad contribuyó de forma activa a conseguir la liberación de la mujer en los roles más “esclavistas”.
Asimismo las marcas tienen una propia identidad que puede ser asociada con estereotipos mentales de las personas de modo que se puede generar una identificación con ellas (Insight). Un ejemplo de ello es cuando una marca de coches tiene una modelo semidesnuda cerca; esto le aporta virilidad a dicha marca. Los "estereotipos" en realidad son innumerables y cada vez las agencias no solo encuentran nuevos nichos sino que crean estilos de vida. Un ejemplo de esto es la onda "emo" que años atrás no existía como grupo consumidor. Por último, queda destacar que las marcas nos incitan al consumismo ya que promueven el mercado ayudando al movimiento rotativo de la oferta y la demanda. Pero cabe destacar, que no hay sociedad que a día de hoy no sea consumista, ya que es el sistema político liberal quien promueve realmente este tipo de sistemas. Por lo tanto se puede decir que la publicidad no es más que un simple peón dentro del juego del consumismo.